Menú Principal
Este sitio utiliza cookies propias y de terceros. Si continúa navegando consideramos que acepta el uso de cookies. OK Más Información.

Prólogo de una novela, a ver que tal lo veis.

Iniciado por Metal Inside, 09 de Julio de 2007, 22:15:13 PM

Tema anterior - Siguiente tema

Metal Inside

Pues hace tiempo escribí este pequeño prólogo a vuela pluma, sin ninguna idea fija en la cabeza. Me gustó, y decidí que lo desarrollaría hasta una novela completa. Os lo pongo para ver que os parece, tanto la historia como mi forma de escribir (que anda algo oxidada).

-------------------------------------------------------------------------------------------------------

Miré mi reloj. Eran poco más de las cuatro de la mañana, así que decidí irme a casa. No es que estuviera particularmente cansado, pero tanto si me quedaba en el bar como si volvía a mi agujero el resultado sería el mismo: los recuerdos me volverían a asaltar y comenzaría a beber más y más intentando desvanecerlos, hasta caer inconsciente y despertarme con una resaca de mil demonios. Así que al menos en casa podría caerme sobre la cama o el sofá. Vacié de un trago lo que quedaba de mi vaso, eché unas monedas sobre la barra y me fui sin despedirme. No creo que me fueran a echar de menos.

Mientras andaba hacia mi casa mi vejiga empezó a quejarse. No veía ningún bar cerca así que me dirigí hacia un estrecho callejón, ya que tampoco estaba tan borracho como para mear en medio de la calle. En cuanto me adentré en el callejón comencé a distinguir tres siluetas, que no parecían mantener precisamente una conversación amistosa. Me acerqué más, convencido a cada paso de que tenía que haber meado en medio de la calle.

Cuando me acerqué más pude distinguirlos. Dos chicos delgados, de no más de 25 años, gritándole con acento extranjero a una mujer de unos 30. Ella no decía nada, se limitaba a escudriñar con los ojos entre sus dos asaltantes, buscando la forma de escapar. En el momento en que los dos se acercaron más y uno se sacó una navaja del bolsillo sus ojos dejaron de moverse, mirando hacia ninguna parte y expresando tan solo rabia e impotencia. La idea de irme por donde había venido comenzó a rondar mi cabeza. Me sentiría culpable un par de días, pero no sería lo peor que pesase sobre mi conciencia, ni la acción de la que más me iba a arrepentir en mi vida. Pero de repente los recuerdos me asaltaron, entrando a mi cabeza sin llamar a la puerta. En ese momento ignorar lo que estaba pasando dejó de convertirse en una opción. Con las memorias repiqueteando como gotas de lluvia en mi mente, cualquier mujer me recordaba a Ella. Y lo último que me hacía falta era un recuerdo de Ella siendo violada mientras yo no hacía nada por evitarlo. Comencé a acercarme intentando no hacer ruido, aunque en realidad daba lo mismo, porque con los gritos dudo que los tipos pudiesen oír algo que no fuera a sí mismos. El que estaba desarmado agarró a la mujer por el pelo y la obligó a arrodillarse.

Era el momento perfecto para actuar. Me puse detrás del de la navaja y agarré su brazo, lo apreté contra su espalda y comencé a levantárselo. En cuanto cayó de rodillas apoyé mi  pierna contra su espalda y continué levantando hasta oír el "crac". Hacía tiempo que no oía ese sonido, pero seguía provocándome la misma sensación, entre el asco y el placer. Propiné una patada al desgraciado mientras le soltaba. No parecía que fuera a dar mucha más guerra. El otro soltó a la chica, mirándome sorprendido, intentando considerar la situación, como si dudara de si yo era capaz de ganarle o tan sólo había tenido suerte pillando al otro de sorpresa. Despejé sus dudas rompiéndole la nariz de un puñetazo. Evité que se cayera al suelo agarrándolo de la camiseta, acerqué su cara sangrante a la mía y le dije:
-Vete de aquí y llévate a ese otro imbécil contigo, o empezaré a enfadarme de verdad.
Puede que no fuera de las frases más brillantes que he dicho para intimidar a alguien, pero fue suficiente como para que se largaran en menos que canta un gallo.

En cuanto se fueron me giré hacia la mujer. Seguía arrodillada en el suelo. Vestía unos vaqueros algo desgastados y sucios, y una camiseta blanca con el logo de un pub estampado, lo que unido a su físico me hizo deducir que sería camarera o animadora. Sus pechos eran grandes y sus caderas contorneadas. El pelo, negro y liso se le había comenzado a ondular por la humedad. Su cara era de rasgos marcados, su boca ancha pero de labios finos, y me miraba con unos ojos oscuros como la noche. Parecía bastante calmada, teniendo en cuenta lo que acababa de pasar. Me acerqué a ella y le ayudé a levantarse. Aunque supongo que decirle algo como "¿Estás bien?" o "No te preocupes, ya ha pasado" era lo correcto me quedé callado. Cuando estuvo de pie acercó más su cara a la mía, rodeó mi cuello con sus brazos y me besó.

Sentí como sus labios se rozaban con los míos. Paladeé despacio su boca, notando en mi lengua los sabores entrelazados a mujer, alcohol y tabaco. No era un beso de amor, ni de pasión, ni siquiera de agradecimiento. No, era un beso de soledad, un beso de alguien como yo, que necesitaba huir de su pasado, ahogando sus memorias en placeres efímeros.
-Llévame a tu casa- me susurró, de forma sugerente pero desapasionada. Le indiqué con un gesto que me siguiera.

Cuando llegamos le indiqué con un gesto que se sentara en el sofá, mientras yo iba a por una botella y unos vasos, previo paso por el cuarto de baño. Cuando volví al salón ella estaba encendiéndose un cigarrillo. Tras la primera bocanada echó la cabeza hacia atrás mientras expulsaba el humo lentamente. Giró los ojos hacia mí y esbozó una sonrisa cansada, mientras me indicaba con una mano que me sentase a su lado.
¡Desnúdese! No pasa nada, soy médico.

Avpx

#1
Para una película porno o de superheroes no está mal.

Está bien escrito pero falla el argumento y los hechos, que no son demasiado reales pero sin embargo pretenden serlo por la forma en que está contado.