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Cadena perpetua

Iniciado por EvilCloud, 12 de Mayo de 2007, 19:43:38 PM

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Gomorrita

Cita de: TanisEso pensaba yo, pero al ver que estaba Casablanca....

Es que la persona que se atreva a decir que Casablanca es mala, es porque o se quiere hacer el guay, o porque no tiene ni idea. Casablanca es cine. Soberbia.

En otras estoy muy de acuerdo.

:)
¿Es la moderación represora de Chaskachaska un incentivo al trolleo?

Creo que el efecto de Chaskachaska sobre el foro es justo el contrario del que algunos piensan. Para nada es un antídoto para el trolleo, sólo logra incitar a la sublevación de foreros que ven su libertad de expresión coartada por este tirano. El régimen de orden y control sólo logra descontrol. Es por ello que, por la gloria de Offtopicalia, debería ser retirado de su cargo.

antoine doinel

Cita de: Gomorrita
Cita de: TanisEso pensaba yo, pero al ver que estaba Casablanca....

Es que la persona que se atreva a decir que Casablanca es mala, es porque o se quiere hacer el guay, o porque no tiene ni idea. Casablanca es cine. Soberbia.

En otras estoy muy de acuerdo.

:)
:)

Dedicado a Tanis:

Casablanca, el mojonazo
¿Qué bonito es decir "Casablanca, esa obra maestra", no? Sobre todo si eres divorciado y lo sueltas de sopetón a cualquier quinceañera mientras calientas tu Soberano en tu sitio de siempre de Tasca El Caserio. Qué bonito, qué rotundo, qué pedazo de payaso estás hecho.

Casablanca, la mayor campaña publiciataria en gabardinas jamás realizada (hasta la llegada de Matrix), quizás fue algo en su momento pero ya en 1950 se quedó anticuada. 50 años después ya apesta. Dentro de otros 50 la momificarán al gusto de los 4 divorciados en gabardina que se resisten a morirse

Humphrey Bogart, el que se aupa sobre un cajón de naranjas, el gran borracho que por no afectarle, ni le afecta el diluvio universal en una estación de tren, nos ofrece su mejor recital en caras de cartón ante la frígida Bergman en su mejor papel como mujer florero que, repentinamente, se te cuelga como un loro de la camisa. Oh! Oh! Qué obra cumbre!! Qué quemen las demás películas!! Que le dediquen 40 plazas en cada pueblo!! Que repongan Casablanca 2: La Venganza de Hitler!!

Disfruten del episodio piloto de Pasión de Gavilanes, una peli que sólo la ha visto (y sufrido) un 1% de la población mundial y el 90% restante se basta con mear bechamel de Su Gran Obra Maestra mientras repiten 40 frases que nunca aparecen.

Que te den mucho por el culo, Sam

Jamakukeich

Gñe

Tanis

:)

De donde no hay, no se puede sacar. Ya leí esa "graciosa" crítica en su momento y bueno, es una opinión más.

Como esta:


Es probable que la Warner, a comienzos de los '40, no sospechara siquiera que esta película, lejos de ser una más de la producción serial, se convertiría en una de las más hermosas, recordadas y valoradas de la historia.

Todos saben algo de Casablanca, la hayan visto o no. ¿Quién no conoce su final subversivo, opuesto a lo que mandan las convenciones de las películas de amor? ¿Alguien ignora la melodía de El tiempo pasará, entonada por Sam a pedido de Ilse (Ingrid Bergman) –que, dicho sea de paso, nunca dice "Tócala de nuevo" –? ¿Existe una persona que no sepa que durante el rodaje no se conocía el final de la historia porque el guión se hacía sobre la marcha, democráticamente, con todos los escritores de la Warner aportando sus propios diálogos?

Casablanca es una de esas películas que uno puede ver dos, tres, cinco o diez veces, y aún sigue asombrando. Michael Curtiz era un genio que podía compartir el trono que sus compatriotas (Ford, Hawks, Capra) supieron conseguir. Su puesta en escena es sutil, inteligente y precisa. ¿Cómo no sentir un inmenso placer cuando el avión que parte hacia la libertad sobrevuela el café de Rick, en los primeros minutos de la película? Curtiz nos está diciendo todo. Rick (Humphrey Bogart) es la libertad. La de todos menos la suya propia, porque como le dice su adversario en el amor de Ilse, Víctor Laszlo, "cada uno debe aceptar su destino, sea bueno o malo".

Por donde se la mire, Casablanca es admirable. El cooperativo guión, la iluminación, el montaje, la música y hasta el vestuario están puestos (por azar o intencionadamente) a disposición de esta historia de amor, honor y lealtad. A Curtiz le alcanza con la cámara para decirnos casi todo sobre Rick. Registra su poder en esa mano que firma autorizaciones antes de mostrarnos la cara del héroe. Nos enfrenta a su soledad: el cigarrillo, ese partido de ajedrez sin contrincante, su vaso de bebida. Y luego, levanta la cámara y Rick, ese maravilloso Humphrey Bogart, aparece ante nosotros para convertirse, a la par de Curtiz, en Casablanca. Bogart demuestra con gestos inolvidables, miradas expresivas y esa entonación tan particular por qué aún hoy es Humphrey Bogart, el único, el más varonil, el mejor.

A pesar de que la historia es conocida, vale la pena revivir ese reencuentro en Casablanca. Una ciudad (del Africa) donde los refugiados europeos de la Segunda Guerra que huyen de los alemanes necesitan llegar para conseguir una visa que los lleve a Lisboa y de allí al soñado paraíso de la libertad: Estados Unidos. Allí reside Rick. Un norteamericano cínico, solitario, duro, que en el fondo, como le dice el prefecto Louis, "es un sentimental". Rick tiene un pasado dudoso y ha decidido terminar sus días en Casablanca, en su bar (Rick's) y junto a Sam, su amigo pianista negro. Ya no espera nada.

Pero una noche dos hechos cambiarán su vida: Ugarte, un hombre que vende permisos para salir de Casablanca, le pide que custodie los que robó a unos correos alemanes, a los que también asesinó. Esos papeles son el pasaporte abierto para cualquier persona del mundo. Y cuestan millones. Ugarte es detenido en el propio bar de Rick por la policía que busca esos permisos robados. Ugarte pide ayuda a Rick: "No arriesgo mi cuello por nadie", le responde. Y Ugarte muere mientras intenta huir. Minutos después de este hecho, Rick se sorprenderá nuevamente. Ella está en una mesa, al lado del piano de Sam, disfrutando en silencio de aquella canción que fue testigo del amor de ambos: "As Time Goes By".

El momento en que Ilse y Rick se reencuentran es uno de los momentos más conmovedores del cine. Los ojos llenos de lágrimas de la bellísima Ingrid Bergman miran con tristeza y dolor a los de Bogart, incrédulos, alegres, resentidos. Quizá no era necesario ese flashback posterior donde conocemos el comienzo de esta historia de amor, en la París que acababa de ser tomada por los alemanes. Las miradas y las pocas líneas de diálogo de este presente en Casablanca resultan más que suficientes.

"De todos los cafés que hay en el mundo, ella tuvo que venir al mío", dice borracho Rick, cuando sólo él y Sam permanecen en el bar cerrado, a oscuras, esa misma noche del reencuentro.

Todo sucede en un par de días. Ilse no está sola en la ciudad. Acompaña a su marido checo, un importante líder de la Resistencia llamado Víctor Laszlo (Paul Henreid), quien necesita salir de Casablanca y llegar a Estados Unidos. De su partida dependen la vida y la libertad de miles de personas. Pero Laszlo está acorralado y Rick es el único que tiene los permisos que pueden salvarlo. Lo que le impide ser generoso es que está enamorado de la mujer de Laszlo.

En esta lucha por la libertad y el amor, Ilse le pedirá a Rick, a quien aún ama apasionadamente, que decida por todos. Y Rick lo hace en ese gesto magnánime y heroico que se resume en sus palabras: "No soy muy noble, pero veo que nuestro problema es muy pequeño en este mundo". Ella lo comprende y parte con su marido. Rick arriesgó su cuello por la mujer que ama y por el hombre que admira, a los que ve partir en ese avión rumbo a Lisboa. El, como apresado en su triste destino, se queda en Casablanca. Y se va caminando con Louis, el prefecto de policía, quien le aconseja que huya por un tiempo. Rick cometió varios "delitos" para que Ilse y Laszlo escaparan de Casablanca (amenazó a Louis con una pistola para hacerlo cómplice de la partida, asesinó a un mayor alemán en el aeropuerto, se convirtió en compañero de ruta de Laszlo al contribuir a su lucha). Louis, ese militar corrupto, decide proteger a Rick, quien le dice finalmente la frase más amorosa de toda la película, mientras atraviesan la niebla de Casablanca: "este es el comienzo de una gran amistad".

Obviamente, Casablanca también es una película política. El contexto de la Segunda Guerra y el hecho de que la vereda de enfrente haya estado ocupada por los nazis (y no sólo en la pantalla, sino en la vida real) salva el esquema político que plantea Curtiz. Los alemanes eran los enemigos. Los italianos, chupamedias de los nazis. Los franceses, mayormente confiables. Los americanos, héroes. Estas ideas pueden verse en cada personaje en particular. En la forma en que cada uno es presentado, por lo poco o mucho que dicen y claro, por lo que hacen. Y esa cita a La gran ilusión es una proclama política tan emotiva como la del film citado (Jean Renoir, 1937): entonar la Marsellesa con orgullo para protestar por la soberbia nazi. En el '37, Renoir y Jean Gabin la habían esgrimido contra los germanos de la Primera Guerra. En 1942, Curtiz y Paul Henreid recuerdan ese momento mágico del cine. Y lo hacen de nuevo. Porque los años habían pasado, pero los enemigos no habían aprendido la lección.
       En el país de los ciegos, el tuerto es el rey.

Nemetona

Esa es la de Tim Robbins?

Creo que si.

A mí megustó mucho.

Además, no tiene un final deprimente y lastimero, como otras muchas.
La ironía es una tristeza que no puede llorar y sonríe.