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Máster en Medicina Homeopática en la Universitat de Barcelona

Iniciado por Xarku, 29 de Junio de 2011, 17:36:58 PM

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Xarku

¿Cómo llega un medicamento al mercado o por qué no nos podemos fiar de la homeopatía, las flores de Bach y otros timos? (I)

CitarA rebufo de los comentarios que algunos han dejado en el artículo Ayer fui a la farmacia y me quisieron vender flores de Bach, creo que se impone una breve explicación acerca del procedimiento que se sigue para aprobar la venta de un medicamento.

Algunos de vosotros habéis arremetido contra el artículo aduciendo que yo tengo la mente cuadriculada y que no soy quién para despreciar técnicas alternativas que a determinadas personas parecen funcionarles. No es cierto. Puedo despreciarlas en tanto en cuanto la técnicas no superen el procedimiento que a continuación os voy a explicar. Tal vez alguna de esas técnicas resulte eficaz pero todavía no se ha conseguido probar convenientemente; en cualquier caso lo que se denunciaba en el artículo no era eso: era la irresponsabilidad que supone poner a la venta en una farmacia productos que no han sido probados como eficaces (en el mejor de los casos) o que violan las leyes de la naturaleza que conocemos (en el peor).

Eso no es tener la mente cuadriculada, sino ser responsable con la salud y atentar contra los derechos del consumidor. Por el contrario, tener la mente abierta no significa creer en todo sin discriminación crítica, sino estar dispuesto a que algo funciona cuando funciona y no rechazarlo de plano.

Dicho lo cual, vamos a resumir cómo funciona el tinglado de los ensayos clínicos y demás (una información que debería ser impartida en todos los colegios del mundo).

Antes de entrar en el meollo, no obstante, es conveniente desautorizar un prejuicio que suele argüirse en esta clase de temas: que las farmacéuticas son el mal, que sólo buscan el beneficio económico, que engañan y pagan a científicos para que afirmen que sus productos funcionan frente a los productos naturales que en realidad tienen menos efectos secundarios.

Este tópico es fácil de rebatir, pero sobre todo es un tópico que incurre una falacia lógica: si estamos discutiendo sobre un sistema fiable para averiguar si los medicamentos son eficaces o no, resulta ingenuo considerar que sólo las farmacéuticas son malvadas: en teoría lo serán todas las empresas que se dediquen a vender productos que presuntamente pueden curar o aliviar síntomas: lo cual no deslegitima el sistema fiable para averiguar la eficacia de un medicamento sino que afirma una obviedad: que las empresas no son de fiar. "Ya, pero las farmacéuticas que venden productos alópatas tienen más poder y, por tanto, tienen más posibilidades de ser malignas", diría alguien. Falso: las farmacéuticas quieren dinero, así que es una estupidez gastar recursos en desautorizar productos naturales en vez de ponerse también a venderlos. Espera, ya ha pasado: Boiron es un laboratorio que vende homeopatía (un producto ineficaz según los ensayos clínicos), sin embargo ha convertido a Boiron en una empresa muy lucrativa. Es decir, que parece que Boiron también es maligna: se hace rica y, además, según el criterio científico, lo hace engañando al consumidor.

Si todavía creéis que las farmacéuticas distorsionan pruebas para su beneficio (algo que ocurre, por supuesto, como hay abogados que estafan y taxistas asesinos), quizá os interese saber que las farmacéuticas no lo tienen nada fácil para hacerlo. Y el peor enemigo de las farmacéuticas, irónicamente, no son los que adulan lo "natural" y desprecian lo "químico" sino los propios científicos. Por ejemplo, el British Medical Journal es una de las revistas médicas más relevantes del Reino Unido. Pues bien, si observamos los tres artículos más populares de esta revista de todo el año 2005 (en base al número de veces que se referenciaban en artículos académicos y otros parámetros), resulta que esos tres artículos destacados contienen (como tema central) algún tipo de crítica sobre un medicamento, una empresa farmacéutica o un procedimiento médico.

Con esto quiero decir que los propios científicos son muy críticos entre sí. Encontrar errores en colegas es casi un deporte, así como una forma de escalar académicamente (además del motor que hace progresar la ciencia). Así pues, el sistema imperante, de partida, ofrece muchas garantías de que la investigación no se tergiverse: si lo hace, no tardarán otros científicos en publicar los traspiés.

Con todo, insisto, las farmacéuticas persisten en ocultar pruebas y resultados. Pero eso lo hacen todas las empresas humanas. Lo que hay que exigir es mayor control, no una demonización de una parte del espectro farmacéutico y una sacralización de la otra parte.

Dicho lo cual, vayamos a analizar el viaje de un fármaco desde los tubos de ensayo hasta las farmacias. Os emplazo a todos a la segunda entrega de este artículo.

¿Cómo llega un medicamento al mercado o por qué no nos podemos fiar de la homeopatía, las flores de Bach y otros timos? (II)

CitarComo os prometía en la primera entrega de este artículo, vamos a contemplar el viaje de un medicamento desde que se concibe hasta que llega al mercado. Una vez tenemos una molécula de una planta, un viejo fármaco que creemos que podemos mejorar, un receptor en el organismo con el que consideramos que podemos conectar una molécula de nuestra invención, etc., entonces hay que ponerse en marcha.

Una vez superada la fase de experimentación con animales, empieza la fase I de estudios o primera prueba en humanos. Generalmente se paga dinero a la gente que se somete a estas pruebas, porque los efectos en el organismo todavía son en cierto grado desconocidos. Algunas de esas fases acaban con personas gravemente enfermas.

Si se supera la fase I, entonces se pasa la fase II con un grupo de unas 200 personas aquejadas de la enfermedad relevante para el fármaco estudiado, tal y como explica Ben Goldacre:

    un ensayo ideado como una "prueba de concepto", a fin de estudiar la dosis adecuada y hacernos una idea de su eficacia (o ineficacia). Muchas medicinas fracasan en ese punto, lo que no deja de ser una lástima, porque no se trata de un simple trabajo de ciencias de secundaria: sacar un medicamento al mercado cuesta en torno a los 500 millones de dólares en total.

A continuación, empieza la fase III. Un nuevo ensayo pero en un grupo mayor de personas, que además será aleatorio y doble ciego: ni el médico ni el paciente saben si están tomando el medicamento de verdad o solo un placebo. Esto se hace así porque muchas enfermedades remiten o mejoran simplemente con la actitud del paciente: si cree que está tomando un medicamento afectivo puede que estemos confundiendo la eficacia del medicamento con el poder del placebo.

Otro motivo es que hay muchas personas que se curan espontáneamente hayan tomado o no un fármaco: esta remisión espontánea es el principal motor de lugares milagrosos como Lourdes (donde el índice de remisiones espontáneas no es porcentualmente superior al de cualquier hospital). Y, por supuesto, es la mejor forma de rebatir el "a mí me ha funcionado", el típico argumento de la persona que ignora que existen las remisiones espontáneas, el placebo y demás. Si alguien explica su experiencia personal (o a de un amigo o un grupo de amigos) para discutiros la eficacia de un producto, entonces tenéis mucho trabajo por delante hasta que entienda por qué eso no es un argumento válido en medicina.

Tras haber superado estas fases de prueba, se obtendrá una licencia para vender el nuevo medicamento. Pero, tras su salida al mercado, se deberán seguir haciendo más ensayos, y probablemente habrá otras personas que realizarán sus propias pruebas y estudios para rebatir la eficacia del medicamento nuevo. Además, siempre se mantendrá un control sobre los posibles efectos secundarios nuevos que se presenten en los pacientes.

Vale, ya tenemos el medicamento en el mercado. ¿Ahora qué?

    Los médicos toman sus propias decisiones racionales a la hora de recetar un medicamento en función de lo bueno que ha demostrado ser en los ensayos, de lo serios que son sus efectos secundarios y, a veces, de su coste. Lo ideal sería que obtuvieran la información sobre su eficacia a partir de los estudios publicados en revistas académicas que tengan implantado un sistema de selección por revisión externa entre iguales, o de otros materiales como los manuales y los artículos de revisión, que están basados a su vez en investigaciones primarias como las de los ensayos. A lo peor, sin embargo, confiarán en las mentiras de los visitadores médicos de las farmacéuticas y en el "boca a oreja".

Pero todo el mundo puede ser malo, tanto farmacéuticas como vendedores de plantas milagrosas. Así que hay que ser exigentes. No con las farmacéuticas, ni tampoco con los vendedores flower power. Hay que ser exigentes, sobre todo, con los procedimientos, los ensayos clínicos, los datos, los "a mí me funciona", lo que ponemos a la venda en las farmacias (lugares que deberían ser garantistas), con las curaciones espontáneas, con las cosas que van contra las leyes físicas que conocemos y que no han sido suficientemente probadas. Con todo eso. Y con la ignorancia.




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Jesucristo

Pon las fuentes, Xarku, hombre.

¡Que sabemos que no lo has escrito tu!
Cita de: why en 06 de Abril de 2013, 21:19:58 PM
La única realidad es la que he dicho yo. Y obviamente la gente que no me conoce, ni pincha ni corta en este debate.