Menú Principal
Este sitio utiliza cookies propias y de terceros. Si continúa navegando consideramos que acepta el uso de cookies. OK Más Información.

La metafábula de la liebre y la tortuga

Iniciado por Tanis, 16 de Septiembre de 2009, 20:23:27 PM

Tema anterior - Siguiente tema

Tanis

Me estoy leyendo un libro que han traído al departamento de Mates y hay historias chulas.

Esta es una de ellas.

CitarLa liebre fue a ver a la tortuga y le dijo:
      Estoy harta de oír esa absurda fábula según la cual me ganaste en una carrera. Y aunque el mero hecho de que tú y yo compitamos es un despropósito, te conmino a que corras conmigo para desmentir de una vez por todas la falacia esópica.
      ¿Sobre qué distancia quieres que corramos? preguntó la tortuga.
      No hay distancia en la que mi victoria no sea tan segura como la del sol sobre las tinieblas contestó altiva la liebre. Elige la que prefieras.
      Entonces nuestra carrera ya ha terminado dijo la tortuga, puesto que elijo la distancia nula. Y como ambas hemos tardado cero segundos en recorrerla, el resultado es un empate.
      Tu sofisma es aún más absurdo que los de tu amigo Zenón protestó la liebre. Una carrera sobre una distancia nula es una no-carrera, ya que no implica movimiento alguno. Tienes que elegir otra distancia.
      En ese caso elijo una distancia infinita dijo la tortuga. Como ambas tardaríamos una eternidad en cubrirla, de nuevo estamos empatadas.
      Pero yo iría delante de ti todo el tiempo replicó la liebre y además mi ventaja sería cada vez mayor. Quien en todo momento va en cabeza bien puede considerarse el vencedor de una carrera.
      Eres muy veloz admitió la tortuga, pero te agotas rápidamente. Como dice la fábula, tendrías que pararte a menudo a descansar, y tu último descanso sería eterno. Y en ese momento para mí la carrera no habría hecho más que empezar, pues a ti sólo te quedan dos o tres años de vida, mientras que yo, lenta pero incansable, viviré más de un siglo... ¿Qué te parece: lo dejamos en tablas?

¿Qué os parece?
       En el país de los ciegos, el tuerto es el rey.

Ichigo ja

Que la tortuga es una listilla.

Y no entiendo la moraleja, si es que la hay.
Alquilo espacio para publi.

Raiden

â–²
â–² â–²

Bastardo Al Teclado

La moraleja es "No intentes joder a una tortuga".

Ichigo ja

Cita de: Bastardo Al Teclado en 16 de Septiembre de 2009, 22:53:12 PM
La moraleja es "No intentes joder a una tortuga".


Acabo de pisar la cabeza a la tortuga de mi hermana, y aquí sigo. La moraleja es una puta mierda.
Alquilo espacio para publi.

munduan galduta

Lo de la carrera en una distancia infinita ya lo había leído antes, pero sin el cuento de por medio. La verdad que si es chula la historia ¿Puedes poner alguna mas?

Cita de: le_banner en 22 de Junio de 2009, 23:25:04 PM
¿Si te digo que has ganado te vas a tomar por culo?

Brian


Tanis

Cita de: munduan galduta en 17 de Septiembre de 2009, 00:23:35 AM
¿Puedes poner alguna mas?

Claro.


La ciudad Rosa y Roja


CitarLa Ciudad Roja se erguía solitaria en medio de la inmensa llanura. Sus habitantes no conocían otra población, y los Libros Sagrados afirmaban que la Ciudad Roja era la única del mundo, aunque, según algunos exégetas, en ciertos pasajes oscuros se aludía a una enigmática Ciudad Rosa, situada enormemente lejos, en dirección al sol naciente. Los más ortodoxos interpretaban estos pasajes crípticos como alusiones poéticas a su propia ciudad, y sostenían que donde algunos habían leído «Rosa» ponía en realidad «Roja».
      Como en los Libros Sagrados abundaban los pasajes oscuros y las letras borrosas, la discusión se hizo interminable, y al final se resolvió mandar una expedición en busca de la hipotética Ciudad Rosa.
      Las familias más belicosas y arrogantes olvidaron sus rencillas y se aliaron para formar un gran ejército, que partió en dirección al sol naciente.
      Al cabo de cien años, sus descendientes llegaron a la Ciudad Rosa, la tomaron y la saquearon. Luego emprendieron de nuevo la marcha en sentido contrario, hacia poniente, para regresar a la Ciudad Roja con la buena nueva del hallazgo y conquista de la Ciudad Rosa.
      Al cabo de cien años, los descendientes de los conquistadores hicieron su entrada triunfal en la Ciudad Roja, donde se enteraron de que ésta había sido tomada y saqueada cien años antes por un poderoso ejército llegado de poniente, que decía proceder de una ciudad más roja. Tras el saqueo, los invasores se habían marchado por donde vinieran.
      Al parecer, había otras dos ciudades en el mundo: la Ciudad Rosa y la Ciudad Más Roja.
      Sin pérdida de tiempo, los curtidos expedicionarios organizaron un nuevo ejército y partieron hacia poniente para vengar la afrenta recibida de la Ciudad Más Roja. Al cabo de cien años sus descendientes la hallaron, tomaron y saquearon, y regresaron a la Ciudad Roja con la buena nueva.
      Cuando, cien años después, los descendientes de los conquistadores de la Ciudad Más Roja llegaron a la Ciudad Roja, se enteraron de que ésta había sido tomada y saqueada cien años antes por un ejército procedente de levante. Se dedujo que había sido una expedición de represalia enviada por la Ciudad Rosa y se planeó su destrucción definitiva. Pero ¿y si, mientras el ejército de la Ciudad Roja partía hacia la Ciudad Rosa, los resentidos habitantes de la Ciudad Más Roja enviaban a su vez otra expedición?
      Vinieron a complicar este dilema las heréticas declaraciones de un viejo filósofo, que sugirió la posibilidad de que el mundo no fuera plano e infinito, como afirmaban los Libros Sagrados, sino esférico, y de que la Ciudad Roja, la Ciudad Rosa y la Ciudad Más Roja fuesen en realidad la misma.
      «Al cabo de cien años argumentaba el sabio los descendientes de los primeros expedicionarios que partieron hacia levante completaron la vuelta al mundo, volvieron al punto de partida y creyeron haber hallado la Ciudad Rosa (ya que nuestra urbe es en realidad de un rojo rosado, y como ellos no la habían visto nunca, en su imaginación se la representaban de un rojo vivo). Conquistaron la Ciudad Rosa-Roja y dijeron que procedían de una ciudad más roja. Luego partieron hacia poniente, de regreso a donde creían que estaba la Ciudad Roja, dieron otra vuelta al mundo en sentido contrario, y sus descendientes llegaron, al cabo de cien años, de nuevo a nuestra ciudad, la única existente. Entonces les refirieron el ataque del ejército de la Ciudad Más Roja, que no era otro que el de sus antepasados, que creían haber hallado la Ciudad Rosa, que en realidad...».
      El sabio fue condenado al ostracismo por herético y antipatriótico (había subestimado la viveza del color de la ciudad), y por fin se decidió enviar dos expediciones simultáneas y más numerosas que las anteriores, una a la Ciudad Rosa y otra a la Ciudad Más Roja, con el fin de destruir definitivamente ambas urbes e interceptar y aniquilar eventuales ejércitos enviados por ellas contra la Ciudad Roja.
      Antes de partir hacia el destierro, el viejo filósofo vaticinó que los descendientes de ambos ejércitos se encontrarían al otro lado del mundo y se destruirían mutuamente. A punto estuvo de morir lapidado.
      Pasaron los años, pasaron los siglos, y ninguna de las dos expediciones de castigo regresó a la Ciudad Roja, que tampoco volvió a ser atacada.
      Los Nuevos Libros Sagrados dicen que tanto la Ciudad Rosa como la Ciudad Más Roja fueron arrasadas por los ejércitos de la Ciudad Roja, que a su vez quedaron aniquilados en el formidable empeño. Razón por la cual no pudieron enviar expediciones de regreso con la buena nueva de que la Ciudad Roja era, ahora sí, la única ciudad del mundo, tal como afirmaban los Viejos Libros Sagrados, que, a la larga, siempre tenían razón.
       En el país de los ciegos, el tuerto es el rey.